El proyecto se encuentra en la vega granadina, a pocos kilómetros pero lo suficientemente lejos como para olvidar la ciudad y sentir el contacto con la naturaleza. En el trayecto nos encontramos con una vega transformada, invadida por viviendas unifamiliares y adosadas, en las que todavía quedan algunos campos de cultivo y secaderos.

La parcela pertenece a una urbanización de viviendas unifamiliares aisladas. Tiene 2485 m2, es prácticamente una llanura y el contexto inmediato es poco atractivo. El uso que han hecho de ella sus propietarios ha estado relacionado con actividades campestres; pasear a los perros, jugar al futbol, regar y plantar árboles, cultivar un huerto, hacer deporte, etc. Este uso ha mantenido la parcela sin edificar durante los últimos diez años.

Como resultado de esta actividad intermitente, encontramos en la parcela un apero de labranza, un huerto y un mini-campo de futbol, así como numerosos pinos y otros árboles. Ahora quieren una vivienda sencilla, que les permita quedarse los fines de semana desarrollando las mismas actividades.

Entendemos el proyecto como un estrato superpuesto a los derivados de la vida de este lugar. Mantenemos el huerto, el campo de futbol y el apero de labranza. Planteamos ocupar progresivamente la parcela con árboles de diferentes tipos, reservando un vacío en la zona central de 10x40 m mediante un muro de hormigón que integra la vivienda y el patio. El espacio extramuros es un “espesor” de naturaleza. Una trama de árboles que irá densificándose con el tiempo a medida que es visitado por sus propietarios.